¿Les preguntaron si están de acuerdo?
En el contexto actual de política internacional el pueblo argentino a través del seleccionado de fútbol puso a las Malvinas en el foco, y es claro y obvio resaltar al pueblo porque es en su seno más íntimo, sentimental y pasional que “los pibes de Malvinas” despiertan el amor más profundo y el respeto eterno.
Por fuera del sentimiento del pueblo aparece el oportunismo político, y no es casual en el contexto político nacional que la presidencia ponga en agenda a las Islas Malvinas, y no es casual que la política local siga el mismo curso. Ambos casos se diferencian en el impacto mundial, pero se asemejan en llevar al barro una causa que a las claras está, nos toca en lo más profundo del corazón.
Volver al pasado siempre es oportuno, sobre todo porque la memoria colectiva se construye y reconstruye constantemente, entonces, vale recordar que en el año 1982 gobernaba la última dictadura militar que optó - tristemente por mandar a los pibes a recuperar las Malvinas - cómo último manotazo para perpetuarse en el poder.
El retorno a la democracia llegó con el radicalismo, el partido político de base de quienes hoy llevan a los héroes de Malvinas a un escenario de la política escasa de ideas que siempre recurre a la “grieta”.
Cuando gobernaron nuestra ciudad ¿qué hicieron por los chicos de Malvinas cuando volvieron de la guerra? a parte de actos protocolares donde se ponía más el foco en militares y generales, que en preguntarles qué querían ellos.
Y qué quieren hoy, si faltando pocos años para que se cumpla medio siglo de la guerra, piden a gritos que el 2 de abril sea un día más, que no quieren actos ni galardones.
Los chicos de Malvinas piden silencio ante el constante ruido en especial de aquellos que recurren una y otra vez a política del avasallamiento, llevándolos una vez más a un escenario en el que no quieren estar.
Cambiar nombres es lo que la derecha argentina hace desde 1955, no sorprende, lo que no se puede creer es que sigan pisoteando la causa Malvinas, una lucha profunda, que despierta en el pueblo argentino el sentimiento más inmenso, que no está en las paredes frías de edificios, está en el abrazo, en la escucha y en el respeto eterno.


